Llevaba tan sólo 2 días en un lugar que muchas personas lo consideran el paraíso, ahora entiendo porqué.

La primera vez mi corazón aceleró, mi pupilas dilataron, mi respiración era más intensa y profunda, todo mi cuerpo se estaba relajando como si flotara, no sabía que estaba pasando tan sólo que lo estaba disfrutando mucho.

Este “rush” inicial, como lo llaman algunos, duró pocos minutos, lo suficiente como para que mi cerebro se acostumbrara a esta nueva sensación de placer.

Después del rush, comenzó “el viaje”, el cual duró casi una hora. Mi cuerpo flotaba, como si estuviera en el espacio, las cosas que veía no eran de este mundo o al menos nunca las había visto, nuevas figuras y colores intensos aparecían ante mis ojos y a pesar de que mi entorno era fresco y húmedo todo mi cuerpo se encontraba en un ambiente cálido y acogedor.

Estaba feliz, eso era justamente la sensación que tenía en esos momentos, felicidad. Aunque me encontraba en un estado de éxtasis total estaba consciente que esta sensación no duraría para siempre pero yo no quería que acabará, cada minuto que pasaba bajo este efecto quería más y más, inmediatamente reconocí que me estaba volviendo adicto.

Después de 4 dosis adicionales puedo declararme abiertamente un adicto, un adicto al buceo.

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Las islas de Tailandia han sido asociadas siempre con un evento que las representa, todos quieren ir a Ko Phi Phi para ver donde se filmó la película de La Playa, otros prefieren ir a Koh Phangan para festejar hasta el amanecer en sus míticas fiestas de luna llena y otros prefieren venir a una de las capitales internacional del buceo, Koh Tao.

En mi caso quiero vivir todas las experiencias que Tailandia tiene que ofrecer y decidí iniciar con el buceo, el cual quizá debí dejarlo al final por que en estos momentos nada me interesa más que volver a estar sumergido en el agua.

Koh Tao es fácilmente accesible de cualquier parte de Tailandia, su ambiente relajado, aguas tranquilas y paisajes submarinos la hacen perfecta para bucear, inclusive tienen un barco hundido el cual puedes explorar en tus aventuras bajo el agua.

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Jamás había buceado pero me encanta el agua, puedo pasar horas nadando o haciendo snorkel, el cual había sido, además de los acuarios, mi único encuentro hasta el momento con el mundo acuático. Ahora que estuve buceando en Koh Tao puedo decir que hacer snorkel es como comer esas pequeñas muestras de comida que te dan en los supermercados, saben bien y puedes probar varias, pero una vez que entras en el agua con un traje de neopreno y un tanque de oxigeno en tu espalda te das cuenta que te has perdido toda tu vida de un magnifico buffet. Difícilmente querrás volver a las pequeñas muestras.

Estar bajo el agua puede ser agobiante para muchas personas, conocí a una chica en Chiang Mai y me dijo que tan sólo la idea de estar bajo el agua le parecía terrorífica y que no tenía pensado hacerlo, 3 días después me la encuentro tomando un curso de buceo en Koh Tao, después de su primera inmersión su comentario fue: amo bucear.

Si tienes la instrucción adecuada no tienes nada que temer, bucear es sumamente seguro y relajante, además las clases están diseñadas para eliminar justamente ese temor o ansiedad que pudieras tener antes de entrar al agua.

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Siempre intento buscar las mejores oportunidad para poder vivir nuevas experiencias, algo que me de calidad a buen precio, ya que estoy viajando con un presupuesto y en esta ocasión mi elección fue Pura Vida Diving, honestamente no puedo estar más feliz con la decisión.

En la isla existen más de 50 escuelas diferentes, unas pocas ofrecen cursos de buceo en español pero con una búsqueda rápida en Google de “Buceo en Koh Tao” los primeros resultados serán los de Pura Vida, entras a ver las reseñas que tienen de otros viajeros en Tripadvisor e inmediatamente te darás cuenta que vas a estar en buenas manos.

Terminando mi curso no podía esperar para recibir mi nueva dosis de buceo, de hecho empecé a buscar los mejores lugares del mundo en donde hacerlo, quizás mis viajes me lleven ahí, no lo sé, pero en caso de que sí definitivamente bucearé.

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1º de Noviembre del 2014, Shark Island, 17 metros, 45 minutos sumergido, 7 kilogramos de peso, traje corto de neopreno, 30 grados de temperatura, agua salada, entrada desde barco y una visibilidad de 20 metros, este fue el momento en donde di el paso a la adicción.

A diferencia de otros adictos que con el tiempo han olvidado el número de dosis que han tomado, los buzos llevan un control exacto de cada una de ellas y mientras anotan los detalles y por menores de la inmersión en el registro personal sólo se puede pensar en una cosa: la próxima dosis.