Mis pensamientos no se pueden alejar de ella, está presente en todo momento y su recuerdo no me deja en paz. Pensé que la había superado, que al dejarla su imagen se iría de mi cabeza y podría seguir con mi vida, no fue así. Jamás había estado tan equivocado.

Camino por la calle y todo me recuerda a ella, en mis conversaciones con extraños y amigos encuentro alguna forma de traerla a la plática, compararla, resaltar sus defectos, cualidades y sobre todo hablar de esa belleza que es difícil de ver cuando la conoces por primera vez; lo peor es que no puedo evitarlo, me emociono con el simple hecho de pronunciar su nombre, tantos recuerdos la reviven que es como si jamás nos hubiéramos alejado.

Mis sentidos la buscan incesantemente en todos lados, no puedo permitirme disfrutar una nueva experiencia, un nuevo lugar o una situación sin que su presencia esté ahí, alterando todo y remarcando la idea de “con ella esto sería diferente o esto no sería así”

La odié, realmente la odié, había días en donde no quería ni verla, prefería quedarme encerrado con tal no interactuar con ella, la detesté con todo mi corazón y no me da vergüenza admitirlo ya que con ese odio viene también un amor profundo y genuino como ningún otro.

Todo lo que existe en el mundo es una dualidad: muerte, vida, sufrimiento, felicidad y obviamente amor y odio; al inicio no lo comprendí, no sabía como era posible y ahora que estoy lejos de ella lo veo claramente, mi odio era tan sólo otra forma de amarla.

Los primeros días que nos separamos no fueron tan difíciles ya que en cierta forma buscaba y anhelaba ese momento de separación. Necesitaba irme lo más lejos posible de ella, dejarla atrás, respirar aires diferentes, conocer otros lugares y vivir nuevas experiencias pero ahora no puedo; su imagen, su olor, su sabor y sus colores  no se han ido de mi cabeza y cada uno de mis sentidos la echa de menos.

Cuando escucho a otras personas hablar de sus experiencias, de sus relaciones y de su forma de ver la vida, mi mente siempre está juzgando y diciendo “se nota que no sabe nada, sus comentarios son la prueba de la ingenuidad y de la falta de experiencia, de un corazón que aún no ha sido afectado y una mente que cree que puede controlarlo todo” Yo era así. Me alejo de esas personas ya que en cierta forma me quiero alejar de mi mismo, de la persona que era antes de ella.

Jamás volveré a encontrar a alguien como ella y lo más sencillo sería regresar pero no debo, hay tantas cosas por ver y hacer, tantas experiencias por vivir que me prometí a mi mismo no dejarme arrastrar por la melancolía y el pasado, debo seguir adelante.

He tenido muchos amores en mi vida y se que tendré muchos más, pero sin duda alguna ninguno como ella. Ha logrado lo que nadie, me ha tocado emocionalmente de una forma que no creí capaz y por eso siempre estaré agradecido.

Esta confesión es también mi despedida, mi terapia para superarla, poder sacar de una vez por todas lo que tengo dentro de mi, lo que nadie sabe, lo que algunos sospechaban pero no se atreven a confrontarme y preguntármelo directamente.

Estas palabras son mi adiós de India, del único país que ha sido capaz de causar una impresión tan profunda en mi que durará para toda la vida, se que ningún viaje después de ella será igual y siempre la recordare, pero la vida sigue y aún hay muchos lugares que ver y países que visitar.

La odiarás, la amarás o quizás las dos al mismo tiempo como yo, pero sin duda alguna India deja una huella imborrable en ti y te cambia para siempre, justo como ese amor que pierdes y su recuerdo te acecha sin que puedas olvidarlo.