Esta reflexión la escribí el día que me de México para viajar por el mundo.

Esta será una vez más la que digo adiós de un lugar en donde he pasado gran parte de mi vida y jamás se vuelve más fácil, si no al contrario, cada vez es más difícil decir adiós.

Ahora que me fui del D.F. y de Chihuahua (por 3ª vez) para empezar a viajar sin fecha de regreso me pongo a pensar de todas las cosas maravillosas que estoy a punto de experimentar, vivir y ver con mis propios ojos, pero ni siquiera todas esas ideas hacen que el dejar un lugar en dónde pasé una parte de mi vida sea más sencillo.

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No importa el tiempo que duraste en un lugar, las experiencias que tuviste en él son los que marcan la diferencia. Hay personas que se van por 3 meses y aunque sea el poco el tiempo pueden marcarte sustancialmente.

Si me preguntan, ¿Qué es lo más difícil de viajar? La respuesta sería sencilla, las despedidas.

Pero tampoco es tan malo como suena, el saber que eventualmente tendrás que partir hace que tu perspectiva de las cosas cambie. Forjarás lazos con las personas de forma más rápida y estos serán más profundos, pues sabrás que eventualmente no estarán juntos.

Verás las ciudad de una forma diferente, pues sabes que quizás sea la última vez que la veas.

Saborearás cada ingrediente de la comida, pues estas consciente que quizás no lo puedas volver a probar en mucho tiempo.

Querrás desconectarte de todo por unos instantes para vivir el momento en el que estás, pues quizás nunca se repita.

Me gustaría que más personas vivieran en un estado de continúa despedida, pues nos permitiría sentir todas esas cosas que hemos olvidado sentir por que damos por hecho que estarán ahí siempre.

Estos dos meses antes de irme ha sido un mes de “ultimas veces” y he intentado aprovecharlo al máximo. He dejado de hacer cosas que me quitaban el tiempo para volver a hacer cosas que olvidaba que disfrutaba tanto.

He dejado de prestar tanta atención a mi celular para estar con las personas que realmente me interesa estar. He comido mis platillos favoritos y los he saboreado como si fuera la primera vez.

Una de las ventajas de crear lazos con personas que son más sedentarios que tú es que sabes que siempre puedes regresar  a verlos, me gustaría que más personas fueran nómadas, pero en el fondo me alegro de muchas personas que aprecio no lo son, pues es más fácil coordinar un encuentro cuando una persona esta en un lugar fijo que si dos personas están en constante movimiento.

Este artículo lo escribí a modo de consolación, pues después de 4 años de convivir con las mismas personas tanto tiempo si llega a afectarte la despedida. Y espero que ahora como a mí, me ha ayudado, te prepare un poco para saber lo que te espera si decides viajar.

Tan sólo recuerda: No puedes tener reencuentros si jamás has dicho adiós.