Pasar 10 días sin hablar con nadie, poder leer, escribir o siquiera hacer señas, no es sencillo. Después del tercer día mi cabeza ya se había acabado todas las historias posibles, ya había aclarado todas esas posibles dudas existenciales que tenía, inclusive había encontrado la solución para la pobreza mundial, pero como no tenía donde escribir la he olvidado.

Al inicio parecía un curso de meditación que sería sencillo, los siguientes días me demostrarían que no sería así.

Aquí puedes leer los últimos días de este curso, si quieres leer los artículos anteriores da clic aquí: Primera Parte  y Segunda Parte

Día 7

Me costó trabajo despertarme, aún no estaba seguro si lo que había sentido la noche anterior había sido real o no. Tan sólo podía pensar, si eso fue real ¿a qué se debe? Debe de existir alguna explicación lógica.

Sin duda alguna ese día tenía una misión, intentar sentir eso de nuevo.

Pasé toda la mañana sin éxito, intentaba meditar pero realmente no podía mi mente y cuerpo estaban agotados. Aunque parezca sencillo, estar tantas horas sentado y meditando no lo es, llega un punto donde tu mente ya no puede más.

Decidí pasar el resto del día sin esforzarme, si sucedía sucedería, si mi mente estaba cansada y empezaba a divagar, la dejaría hacerlo.

En la tarde, después de la última comida en la meditación grupal y antes del discurso de todos los días realmente no tenía muchos ánimos de meditar, pensaba que estar una vez más en ese salón lleno de personas escuchando todo tipo de sonidos corporales no me llevaría a ningún lado.

20 minutos después y sucedió, no de la misma forma, ahora no hubo esa sensación de placer del día anterior, pero estaba ahí, en todo el cuerpo. Una sensación de estar ausente, desconectado y  con pequeñas vibraciones en cada parte de él.

Dentro de los ejercicios nos había enseñado a hacer un escaneo del cuerpo, de arriba abajo y de abajo arriba, por cada parte que mi mente pasaba haciendo este escaneo sentía las vibraciones.

Era simplemente increíble.

La sensación no duró mucho, al menos no al igual que el día anterior pero estaba ahí, muy presente.

Salí de la meditación una vez más con mi cabeza dándole vueltas al asunto, no sabía que estaba pasando.

El discurso de la noche habló una vez más de la permanencia de las cosas, donde nada es permanente, la frase que repitió fue: “This will change” (Esto cambiará)

Y así es, todo cambia nada es permanente.

Con estas palabras su discurso siguió para llegar a un punto crucial.

“Algunos de ustedes ya lo habrán sentido, otros quizás lo perciban hasta el noveno o último día y unos cuantos quizás les tome otros cursos. Pero es importante que cualquier sensación que perciban, no desarrollen un deseo o anhelo por esta sensación, no importa cual placentera puede llegar a ser. Eventualmente sentirán vibraciones por todo su cuerpo, cada parte de su piel estará cubierta de estas sensaciones, conforme más practican estas sensaciones se harán más fuertes, se irán internando en el cuerpo y las empezarán a sentir dentro de ustedes hasta que se funden y todo su ser se convierte en tan sólo vibraciones. Pero lo importante es permanecer ecuánime, en el momento en el que desarrollan un sentimiento de placer y de deseo ante estas sensaciones, la técnica Vipassana deja de servir”

Ahí estaba yo, escuchando las palabras exactamente de lo que había sentido y justo realizando lo contrario a lo que debería, generando un sentimiento de deseo de volverlas a sentir.

“Si desarrollan un sentimiento de deseo o anhelo hacía esta experiencia y no lo logran, se frustrarán y será un retroceso en la técnica” continuaba el discurso.

¿Será acaso que eso me estaba pasando? Estaba desarrollando un sentimiento de anhelo de volver a experimentarlo tan fuerte que lo único que había logrado era no llegar a sentirlo.

Esa noche en la última meditación antes de dormir me propuse a conservar mi ecuanimidad ante cualquier sensación. Espero que el siguiente día sea mejor.

Día 8

Este día fue el peor, no sé por que pero había llegado a mi limite. Ya estaba harto, cansado, desesperado, ya no podía más.

No me interesaba meditar, no quería estar sentado horas tan sólo intentando concentrarme. Quería poder escribir, leer, hablar, ver que sucede con el mundo.

Sabía que todo este sentimiento de rechazo iba en contra de lo que había aprendido pero no me importaba, el sentimiento estaba ahí y no importa que tanto meditara, que tanto me relajará, que tanto observaba mi respiración, no se iba a ningún lado.

A mitad de la tarde observé algo que me alejó de mis sentimientos de repudio hacía el curso, hongos. La humedad del pueblo  y el no estar utilizando mis cosas, había hecho que en algunas de ellas le empezarán a salir moho, principalmente en mi cinturón de piel y una gorra.

El cinturón fue rescatable, al menos por el momento, la gorra no tuvo tanta suerte, la tiré inmediatamente a la basura.

Todo ese día mi mente estaba concentrado en algo que denomine: “plan de cuarentena contra hongos” Tenía tanto tiempo libre que hasta me imaginaba planes de acción y le ponía nombres a mis planes como si se tratara de una película.

El plan era sencillo, revisar minuciosamente cada cosa de mi mochila y a la mínima señal de hongos se irían a cuarentena, que consistía básicamente de ponerlos en una bolsa de plástico separado del resto de las cosas hasta que supiera como lidiar con ellos.

Realmente pocas cosas tenían hongos, y las que tenían era en minúsculas cantidades, lo único que tenía visiblemente era el cinturón. Un cinturón que ha estado conmigo desde hace 12 años y no pensaba deshacerme de él por un pequeño problema de hongos, ¿o sí?

No recuerdo cual fue el discurso de la noche, quizás algo similar al resto de los  días, mi mente tan sólo estaba en el plan de cuarentena e intentando aplicar la técnica Vipassana a mi cinturón, me había apegado tanto a él que había olvidado que era algo temporal y que quizá tendría que irse.

Después del discurso una vez más fue la última meditación grupal, había observado que siempre las meditaciones en la tarde o en la noche son las mejores para mi, lograba concentrarme mejor, las de la mañana me parecían imposibles.

En esa meditación una vez más comenzaron las sensaciones, pero comenzó algo más fuerte. La sensaciones estaban ahí, más fuertes e intensas que los días anteriores y de la nada comenzaron una especie de convulsiones dentro de mí. No sabría como explicarlo exactamente pero era como si algo dentro estuviera teniendo una batalla campal y pequeñas explosiones hacían que mi cuerpo se convulsionara ligeramente cada vez que respiraba.

No sentía ningún sentimiento de malestar o bienestar, tan sólo convulsiones, algo dentro estaba cambiando, transformándose. Después de pocos minutos termina la meditación, terminan mis convulsiones, respiro profundamente, salgo de mi trance y una vez más, la paz me inunda.

Otra noche que dormí como bebe y al igual que el resto de las noches desde que llegué al curso, soñé. Llevaba meses sin recordar mis sueños y cada día que estuve ahí dentro, podía recordarlos detalladamente.

Día 9

Este día me quedé dormido y no pude llegar a mi celda de meditación a las 4:30, tan sólo a desayunar a las 6:30. No me importo, nadie se daría cuenta y desperté una vez más con sentimientos encontrados de desesperación, de querer irme ya de ese lugar sin importar lo que había sentido durante la meditación los días anteriores.

Tan sólo 2 días más, me decía constantemente.

El día paso sin nada interesante, no volví a sentir nada, aunque la verdad no me esforcé mucho por meditar. Mi cerebro ya estaba en el punto donde no importaba que sucediera, no quería estar ahí, mi mente ya no quería estar ahí.

El discurso en la noche aclaró una vez más que es posible que empieces a sentir este tipo de convulsiones que había sentido al día anterior, en teoría es tu mente que esta deshaciéndose de toda la miseria y tristeza que hay en tu interior. En ocasiones hay problemas internos tan fuertes y profundos que las convulsiones pueden ser muy agresivas.  Nunca se sabe conscientemente que problema o sensación de rechazo se está eliminando, tan sólo tu mente inconsciente lo hace.

Día 10

Este día sería el último día del curso, y tan sólo sería medio día de trabajo pues después de la primera meditación grupal, que termina a las 9 am, se acabarían los votos de silencio y se nos entregarían las cosas.

Aún tendríamos que cumplir con el resto de las meditaciones grupales y asistir al discurso de la noche, pero al menos ya no estaríamos incomunicados y podríamos hablar con otras personas

En cuanto salimos del salón de meditación y podíamos hablar, todo mundo se me acercó inmediatamente como las abejas a la miel. Y las típicas preguntas ¿De dónde eres? ¿Qué te pareció? ¿Por qué lo tomaste? ¿Cuánto tiempo llevas en India? ¿Te ha gustado? empezaron a inundarme.

Después de 10 días de silencio, todos los hindúes que me habían visto caminar por el campus tendrían su oportunidad de saciar su curiosidad.

Todos y cada uno de ellos sumamente amables y respetuosos, tan sólo eran muy curiosos. Viajo con una playera antigua de la selección mexicana de fútbol, en caso de que México juegue y tenga que apoyarlo este donde este, en la parte de atrás viene en letras grandes la palabra “México”, estaba sumamente tentado a vestir esta playera el resto del día.

Mi compañero de meditación, que se sentaba a mi lado, y yo nos volvimos amigos inmediatamente, supongo que convivir con una persona 10 días en silencio por tantas horas generas una especie de relación no hablada interesante. Es médico y me contó muchas cosas sobre India, sus costumbres, tradiciones, leyendas, etc., el no ha tenido la oportunidad de viajar mucho dentro o fuera del país, pero su curiosidad y memoria era impresionante, recordaba datos, fechas, historias y demás de lugares a los que nunca ha estado pero quiere ir.  Lo que aprendí platicando con él en unas horas me ayudo a entender mejor India.

Dentro de las conversaciones salió el tema de los hongos por la humedad, el también había tenido el mismo problema así que como médico me recetó un polvo para mi cinturón, me dijo que lo limpiara, pusiera ese polvo y listo. Eso sería lo primero que haría saliendo del curso.

Después de 10 días de estar comiendo comida vegetariana hindú por fin podría saber que era lo que estaba comiendo, el 90% del tiempo no sabía que era y tan sólo lo comía. Normalmente no me servía mucho en caso de que no me gustará, cuando si, me servía un poco más y listo. Raj mi compañero de meditación, me explicó todos los platillos que probé, que eran, de donde eran originarios, que contenían, etc. Realmente no era nada del otro mundo, vegetales con masala o curry, arroz en diferentes formas y ya.

Ese día recuperé todas mis cosas, celular, computadora, libros, etc. Como el campus estaba a las fueras de la ciudad la señal del celular era pésima, así que decidí no revisar nada hasta el día siguiente. Cualquier problema que hubiera sucedido ya había esperado 10 días, un día más no pasaría nada.

El resto del día lo pase con mis nuevos amigos, un chico hindú que había conocido en el tren antes de llegar al curso, Sangeet y Raj. Ambos sumamente amigables e interesantes, pasamos el resto de la tarde discutiendo de las diferencias y similitudes culturales, escuchando historias, problemas y situaciones de la vida cotidiana de India. Definitivamente la mejor forma de terminar un curso de meditación es conociendo más sobre el país donde lo estás tomando.

En la noche rumbo a mi dormitorio me encuentro con otro hindú curioso que quería platicar conmigo, sin embargo sus intenciones eran más de predicador que de curiosidad. Platicando sobre mi experiencia me pregunta: Después de este curso, ¿te volverás vegetariano? Yo respondí vagamente, diciendo que lo consideraré. Su reacción fue inmediatamente de confrontación y me dice: “Lo tienes que hacer, en verdad que lo tienes que hacer, si no lo haces es pecado”.

En el momento que escuché esa frase todo mi ser se bloqueo y rechazó cualquier otra palabra que saliera de la boca de esta persona. Si me encuentro en una conversación contigo y escucho frases imperativas como “tienes que hacerlo” y tu justificación es el pecado, lo siento pero has perdido el interés que hubiera podido tener de escucharte.

Respeto las creencias, ideologías, idiosincrasias y preferencias de todo mundo, siempre y cuando no vengas a restregármelo a mi cara e intentes que lo acepte ciegamente. De por si ya es difícil cambiar la opinión de las personas, cuando intentas lograr este cambio a través de cuestiones tan vagas como lo es el pecado, el cual su significado cambia radicalmente entre países, sociedades y religiones, es imposible lograrlo.

Cuando viajas y observas la variedad de ideas y creencias que existen en el mundo lo único que puedes desarrollar es algo llamado tolerancia, nada es absoluto, nada es blanco o negro, el mundo está lleno de grises.

Día 11

Pensé que este día ya no habría necesidad de levantarse temprano pero me equivoque, un último día que despertaría a las 4am, pero tan sólo habría una última meditación y listo, éramos libres para salir del campus. Aunque después de la meditación yo lo único pensaba era ¿Habrá desayuno?

Resulta que si hubo desayuno, fui a desayunar, me despedí de Raj y Sangeet y me dirigí a alistar mis cosas para irme.

Los alemanes tienen un dicho: “Mann sieht sich zweimal im Leben” el cual puede tener diferentes connotaciones, pero la que más me gusta, sobre todo cuando conoces a personas que generas una conexión, es: “En la vida siempre te encontrarás 2 veces con alguien”, así que nos volveremos a ver Raj y Sangeet.

10 días suenan fácil, no lo son, en verdad que no lo son. Independientemente de si logras meditar y llegar sentir vibraciones, placer, o angustia, estar ahí presente durante 10 horas al día meditando llevará tu fuerza de voluntad al límite.

Algunas personas renuncian al 2 día, otras al 3 o 4 e inclusive algunas como yo están a punto de hacerlo al 8 o 9 día. No es fácil, pero sin duda es una experiencia que debes de vivir.

Desconozco la justificación lógica o médica detrás de mis sensaciones, tan sólo estoy seguro que estuvieron ahí. Aprendí a enseñarle a mi cuerpo el como no generar anhelos o rechazos ante emociones usando mi propio cuerpo como experiencia, ningún libro te enseñará tanto como la propia experiencia y la meditación es justamente eso, descubrir la paz y tranquilidad por ti mismo.

En definitiva continuaré meditando, no por ser una persona más espiritual, estar más en conexión con el universo, ni por encontrarme en conmigo mismo. Si no por que creo en la bondades que la meditación puede traerle a tu cuerpo y cerebro, no importa la creencia religiosa que tengas la meditación es algo que puedes practicar pues es tan sólo el arte de vivir y estar en paz contigo mismo.

Se que no debo generar preferencias o anhelos sobre esos sentimientos de paz y tranquilidad que siguen después de meditar, pero están ahí, presentes y constantes, y por nada el mundo los cambiaría.
Nota: Francisca, Raquel y Miriam, mis arañas, seguían en el baño, las alimenté una última vez antes de irme, me despedí y las dejé seguir con su vida.