Si viajas a India, independientemente de si lo haces por tu cuenta o en un tour, hay dos experiencias completamente auténticas que no querrás perderte.

Una es viajar en tren y la otra es viajar en Rickshaw. Aquí intentaré hacer lo mejor para explicarte lo que significa vivir esta última.

Primero debes de comprender qué es un Ricksahw.

Lo viste en la foto pero aún así intentaré describirlo. Es como si un VW escarabajo, mejor conocido en México como Vochito o Vocho, tuviera un hijo con una motocicleta.

Ese híbrido de 3 ruedas impulsado por un motor de aspiradora y con una carroza extraña es un Rickshaw.

En la mayoría de ellos tan sólo caben 2 personas, en el sur de India son un poco más amplios y caben 3. Pero eso no quiere decir que siempre viajen 2.

Uno de mis pasatiempos favoritos en Delhi era contar el número de personas que entraban en uno de ellos, lo más que vi fueron 9, sin incluir al conductor.

Una vez platicando con un Indio me comentó que el record estaba en 21 o algo así.

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Volviendo al tema, estos pequeños pero prácticos triciclos motorizados son una experiencia que comienza desde que los abordas.

Cada uno de ellos cuenta con un “taxímetro” el cual en teoría debería de usarse en cada trayecto pero creo que ni siquiera los conductores saben como funciona pues nunca lo he visto en operación, ni siquiera los que están abordados por locales.

Así qué, si esperas tener una tarifa justa determinada por el taxímetro, olvídalo. Tendrás que ser parte del deporte nacional de la India que es negociar, todo se negocia aquí.

Pero, ¿cómo saber cuanto pagar cuando no tienes ni idea en dónde está el lugar? No importa, tu di un número mucho más bajo y de ahí comienza a negociar.

Normalmente el estándar que usaba es un tercio del precio que me dicen o menos, generalmente llegamos a la mitad y aún así estoy seguro que me están estafando, pero supongo que es el sobreprecio que hay que pagar por ser turista.

No le des mucha importancia al tema del precio o si pagas de más. No es mucho dinero del que estamos hablando. En ocasiones un viaje que atraviesa la ciudad y dura unas 2 horas te costará unos 40 o 50 pesos mexicanos (3 o 4USD) o menos.

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Una vez que abordas, comienza lo divertido, creo que la mejor forma de describirla será contándote mi primera vez en un Rickshaw, jamás la olvidaré.

Si me habrás leído antes o un poco de mi historia sabrás que mis primeros días en India estaba viajando con mi mamá después continúe por mi cuenta.

Antes de llegar a India había leído en varios lugares que la forma más sencilla y eficiente de trasladarte es a bordo de uno de estos pequeños objetos motorizados, así que al día siguiente de haber llegado por primera vez al país logré convencer  a mi madre de subirse a uno y vivir una experiencia 100% India.

Nos hospedamos en la vieja Delhi, una calle cerca de la estación de trenes y llena de hoteles. Pero al igual que cualquier rincón de India, esta calle no sólo tenía hoteles, tenía vida propia. A los alrededores podías apreciar todo tipo de personas, autos, motocicletas, animales, tiendas, etc., conviviendo en un mismo lugar.

Esta fue nuestra primera imagen de India.

Salimos del hotel e inmediatamente se nos acercaron varios señores ofreciendo sus servicios de transporte y les dije que no, sabía que probablemente estos serían los más caros. Caminamos un poco y detuve a uno en la calle. Negociamos el precio del lugar y abordamos.

Para abordar tan sólo tiene una entrada no tienen puertas. De un lado tiene una barra de metal para “protección” quiero suponer, pero limita el paso a un sólo lado y es todo.

El espacio era reducido, apenas cabíamos los dos ahí. Mis piernas rozaban con el frente y tenía que abrirlas para evitar golpearme cada vez que frenaba. Al abrirlas una pequeña parte de mi rodilla se asomaba por la apertura de la puerta, gran error, el cual corregí antes de que pasará algo.

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El pequeño Rickshaw se puso en movimiento. Primero tenía que dar la vuelta a la calle pues nuestro destino se encontraba en el sentido opuesto de donde lo había detenido. No tienen reversa así que la forma de darle la vuelta al Rickshaw en una calle con espacio reducido es interesante, el conductor se bajó y empezó a empujarlo haciendo maniobras hacía delante y hacía a atrás con nosotros a abordo hasta que por fin pudo ponerlo en posición.

Comenzamos a andar y sin previo aviso aceleró todo lo que pudo.

Las calles en la mayor parte de India, o al menos del centro de la ciudad, siempre están llenas de obstáculos, hay que esquivar todo tipo de cosas como personas que se atraviesan, vacas que deambulan, hombres jalando carretas llenas de objetos, motocicletas y bicicletas en todos los sentidos. Es un caos, un verdadero caos.

Ahora imagina nuestra impresión al sentir como el conductor iba acelerando hacía un mar de objetos en movimiento.

La primera vez que me subí a una montaña rusa sentí como la vida se me escapaba de la boca cuando iba pendiente abajo, estar arriba de un Rickshaw y ver esta imagen fue peor, mucho peor. Al menos en una montaña rusa vas sujeto al carro en movimiento, aquí no hay de donde sujetarse, no tiene pasamanos, no tiene cinturón de seguridad y en ocasiones el asiento no está completamente fijo. Lo único que puedes hacer es suspirar y esperar lo mejor.

Con gran habilidad y precisión quirúrgica nuestro conductor empezó a esquivar obstáculos a diestra y siniestra.

Empezó a abrirse paso entre la multitud que nos rodeaba, primero una vaca, luego un hoyo en la calle, a pocos centímetros había una motocicleta cruzando, una persona caminando entre el tráfico cargando bolsos enormes, niños corriendo descalzos tratando también de atravesar la calle, entre otros miles de objetos en constante movimiento, sin embargo era como si hubiera una línea invisible que nos iba indicando el camino para no estrellarnos con nada a una velocidad considerable.

Conforme avanzábamos mi madre había comenzado a hacer sonidos cada vez que pasábamos algo, era como si además del constante ruido del tráfico estuviera escuchando los efectos especiales de una película de acción de bajo presupuesto.

Una vaca se atravesó en el camino y el Rickshaw la pasa por un lado como si fuera normal, lo único que escuchaba era un “ayyy ufff nooo” salir de la boca de mi madre.

Para conducir en India no sólo necesitas los ojos, también los oídos.

Es costumbre tocar el claxon cuando vas a pasar a un auto, camión u otro Rickshaw. No es cuestión de “quítate imbécil que voy a pasar”, como en México, es más bien un “Ahí voy, te estoy avisando que voy así que no hagas nada brusco que si no, nos estrellamos los dos” Más que grosería es cuestión de cortesía.

Verás letreros en la parte de atrás de los camiones que dice “Please Horn when passing” (Por favor toca el claxon cuando vayas a pasar) así que todas las calles están llenas de sonidos de claxon provenientes de todos lados. Después de un rato te acostumbras a este sonido y aprendes a reconocer cuando es para ti.

Conforme avanzábamos vimos como había una calle cerrada por el tráfico frente a nosotros, tan sólo pensé “aquí nos vamos a quedar buen rato hasta que eso se mueva”, error, el Rickshaw comenzó a avanzar y abrirse paso entre esa caravana inamovible de objetos obstruyendo.

Un poco a la izquierda, un poco a la derecha, hacer sonar el claxon, acelerar, frenar, volver a acelerar, todo esto era parte de un ritual fríamente calculado para poder atravesar esa obstrucción.

En menos de 5 minutos habíamos pasado del otro lado mientras el resto de las personas detrás de nosotros aún estaban tratando de averiguar como cruzar.

Volteé a ver a mi madre tan sólo para notar su cara de asombro e impresión, no sabía si estaba en shock o disfrutando de la experiencia.

Después de pasar esta línea, frente a nosotros se abría una avenida principal en donde teníamos que cruzar un gran puente, podía ver como los autos y camiones pasaban a gran velocidad subiendo y bajando por el puente sin problema. Creí que el Rickshaw tendría que tomar otra ruta pero una vez más, me equivoqué.

Sumamente decidido el Rickshaw comienza a meterse entre el tráfico de alta velocidad y comenzar la subida.

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Con el pequeño motor detrás nuestro, que hacia un ruido como si fuera a explotar en cualquier momento, podíamos notar el gran esfuerzo al que estaba sometido pero el conductor no se inmuto ni un momento, al contrario aceleró más para contrarrestar el peso y poder subir la pendiente.

Conforme íbamos avanzando podíamos escuchar a cientos de autos pasando a un lado nuestros a gran velocidad y haciendo sonar el claxon, una vez más, como advertencia de que no hiciéramos ningún movimiento brusco pues iban a pasar.

Pendiente abajo fue diferente, el motor ya no sonaba debido al esfuerzo pero los frenos era otra historia.

Estoy seguro que no es la primera vez que el conductor había subido esa pendiente con más de un pasajero pues con gran habilidad y determinación pudo manipular la bajada controlando el Rickshaw para no perder el impulso pero tampoco dejando que la velocidad aumentará al punto de convertirse en un bólido.

Pasaron 30 minutos desde que salimos del hotel y habíamos llegado a nuestro destino, habíamos recorrido unos 7 kilómetros de ciudad y al final el conductor nos cobra 80 Rupias (16 pesos / 1.1 USD aproximadamente) como habíamos acordado, realmente pensé que era una broma y nos iba a cobrar más por la distancia o el esfuerzo, pero no, le entregué el billete de 100 Rupias y le dije que conservará el cambio, su cara se iluminó con una gran sonrisa y se fue de ahí inmediatamente, quizás con miedo de que cambiará de parecer.

Desde ese día en delante, cada vez que me subí a un Rickshaw lo disfrutaba muchísimo, es parte de la experiencia de viajar en India, es ver ese maniobrar de los conductores abriéndose paso de manera tan exacta y perfecta que parece imposible.

Si viajas a India debes de subirte a un Rickshaw, conocí a muchos viajeros que rentaban un taxi durante el día y se perdían de esta experiencia. A mi parecer una visita a India sin subirte a un Rickshaw o a un tren no está completa.